Kadu, donde tus morbos se hacen realidad

El mítico leather cruising bar funcionó en el paquetísimo barrio de Recoleta en Buenos Aires desde abril de 2010 y Junio del 2016.

Es muy difícil decir si el local donde funcionaba Kadu era chico o grande. Desde afuera se veía una larga vidriera ploteada que no permitía ver en el interior. Esa cuadra en particular, la de Sánchez de Bustamante al 1600 esta cerca del Hospital de Niños y la calle tiene curvas y contra curvas además de que nunca fue una arteria muy concurrida. Si uno camina desde Av. Santa Fe, no llega directamente sino que a esa altura Sánchez de Bustamante parece mas un pasaje o una calle cortada. Todo esto daba de por si una atmósfera de callejón anónimo suburbano en pleno barrio de Recoleta. Uno empezaba a estar en Kadu antes de entrar al local en realidad, dejando atrás lo paquete para adentrarse en un calle oscura y zigzagueante.

El local abría los jueves para nudes, el viernes era para vainilla, sábados para el leather / rubber y el domingo era un rejunte. Una vez por mes había un día lésbico. El que estuvo al frente siempre del local y según parece era el dueño, era Carlos Charly Borgia, un morocho que corría entre la barra, la puerta y el guardarropa.

Para entrar había que tocar un botón que activaba una luz adentro. La puerta se abría y pasábamos a un espacio reducido donde la única luz que había era la de la caja donde se abonaba la entrada.  También ahí estaba el guardarropa, entonces, te entregaban una bolsa negra de tela enorme para guardar las cosas. Para cambiarse había que atravesar el sector del bar que tenia una barra, banquetas y algunos silloncitos, todo esto ante la mirada de los parroquianos, llegar al cambiador en el que a lo sumo entraban 3  personas y ya cambiados volvíamos a cruzar por el medio del bar para entregar la bolsa. Los flacos te escaneaban de pies a cabezas. Las primeras veces debo decir que fueron un poco intimidatorias estas situaciones. Después uno no sólo se acostumbraba a las caras y a la situación sino que quería volver cual ritual, todos los sábados.

Para Enzo Maqueira que escribió un articulo en la revista Anfibia hace algunos años, los clientes eran todos habitúes aunque no todos eran gays declarados. La mayoría llegaban entre las once y la una de la mañana. Había clientes con esposa e hijos, o que tenían pareja homosexual pero ocultaban su gusto por el fetichismo. Siempre escuche que iban muchos personajes del mundo del arte, del diseño, de la arquitectura y hasta periodistas.

Recuerdo con cierta nostalgia esos sábados donde repetíamos el ritual de entrar, cambiarnos y disfrutar de nuestros cueros un rato con amigos. Estábamos todos en la misma de igual a igual y esa complicidad era parte de la excitación.

Y si querías acción, había que bajar por una escalera a un sótano con muy poca luz. Ahí nomás había una cruz y debajo de la escalera un pequeño calabazo. Tenia algunos rincones como una cabinita glory hole y un cuarto mas chiquito. También había un cuarto mas grande con una especie de cama.  Mi lugar favorito era al costado de la escalera porque estaba con alguna luz tenue y se generaba una atmósfera muy excitante. Nunca me gustaron los espacios completamente oscuros. En mi caso el factor visual / actitudinal era y es decisivo. El cuero no es solo ponértelo y ya esta. Es tener la actitud y en la atmósfera adecuada y eso pretendía ser Kadu.

Durante los años que funciono el local, Charly tuvo que reponer el timbre dos veces porque se lo robaban y la luz la eliminaron porque dejaba ciegos a los que estaban en el bar. Además, un poco te la bajaba que cada dos por tres se prendiera una luz blanca que rompía todo el clímax.

El local tenía dos baños. Uno arriba que se accedía desde el bar y era minúsculo, solo tenía un inodoro y un ventanita que creo daba a un patio interno oscuro inaccesible. Abajo en el sótano había otro mas grande con un pileton de esos que se usan para lavar la ropa. En algún momento fue un espacio mas privado. También había una ducha.

Para el año 2013 empezaron algunas rispideces con algunos clientes y la limpieza del lugar ya no era la misma. Por otra parte, la propuesta que era fetichista en realidad no era tal ya al final porque los clientes estaban lejos de respetar el dress code y una cosa lleva a la otra. El dress code se fue flexibilizando para mantener las entradas del local y esto alejo aun mas a los entusiastas del cuero y del látex.-

Testimonios y fotos: 14lthr88

Fotos y citas textuales: Revista Anfibia

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